Una disculpa sincera

Actualizado: 15 mar

Vivir para amar



Todos los seres humanos tenemos defectos, es normal. Sin embargo, eso no significa que no podamos hacer nada al respecto para mejorar. Las personas regularmente cometemos errores y lastimamos a otros con nuestras acciones, lo que provoca heridas en nuestras relaciones interpersonales. Si no se hace nada al respecto, probablemente muy pronto estos vínculos toquen fondo y terminen resquebrajándose por completo. Es por esta razón que es muy importante actuar de la manera más sabia posible cuando herimos el corazón de otra persona. Y aunque el proceso de sanación tome tiempo e incluya varias fases, es necesario que demos el primer paso, el cual es ofrecer una disculpa sincera.


De verdad, te pido perdón


Foto de Brett Jordan en Unsplash


Una disculpa efectiva debe estar compuesta de dos elementos fundamentales: reconocimiento del error y arrepentimiento genuino. Estoy seguro de que a nadie le gustaría recibir una disculpa seca y sin sentimiento, que se sienta forzada y sin intención de reconstruir la relación. Por el contrario, esperamos un acto auténtico donde la persona asuma la culpa y demuestre compromiso en remendar lo afectado.

Reconocer nuestras equivocaciones no es siempre algo sencillo. Muchas veces estamos muy convencidos de que nuestra opinión es la correcta, pensamos que la otra persona es muy tonta, que es necesario ser duro para darle una lección o simplemente nuestro orgullo es más grande que hacer lo correcto. Todas estas conductas tienen una característica común, carecen de humildad. La humildad es la clave para lograr una disculpa sincera. Cuando somos humildes entendemos que es mejor ser amables que ganar una discusión, comprendemos que todos tenemos virtudes y defectos, que nadie es superior a nadie y que disculparse es un acto de bondad. Si queremos remendar las heridas que causamos, debemos trabajar en ser más humildes.

Por otro lado, arrepentirnos es aceptar que hemos hecho las cosas mal y disponernos a cambiar para bien. De nada sirve pedir disculpas y reincidir en el error una y otra vez. La disculpa se reafirma con acciones, por ejemplo, ser más atento, evitar utilizar palabras ofensivas o abstenerse a decir ciertos comentarios hirientes. Claro que podemos equivocarnos otra vez, pero esto no puede ser resultado de no adquirir un compromiso de cara a mejorar nuestra forma de actuar. Los conflictos se resuelven proponiendo soluciones, de modo que somos nosotros quienes decidimos si nuestra conducta hace parte de la solución o continúa generando discordias.


Nada mejor que vivir en paz

El acto de disculparse genuinamente es una clara muestra de amor. El amor genera paz, evita las guerras, sana las heridas, reconstruye las relaciones y aparta el orgullo. Todo lo bueno se origina del amor, y por supuesto que una disculpa sincera es algo benévolo. Además, disculparse demuestra madurez y responsabilidad.

Estar en discordia con alguien es algo muy desagradable, ya que no permite la plena tranquilidad y provoca incomodidad. Siempre será mejor dar la cara, pedir perdón y trabajar conjuntamente para sanar los corazones. Por esto hoy te digo, si estás mal con alguien, no importa quien sea, por favor sé proactivo y da el primer paso para lograr la paz.


En conclusión, el acto de disculparse genuinamente con alguien es de vital importancia para curar las heridas y cultivar relaciones duraderas y más estables. La adopción de conductas correctas debe complementar nuestras disculpas. Además, la humildad y el amor deben hacerse presente en todos nuestros actos, no solamente cuando pedimos perdón. Finalmente, la vida es muy bella como para estar discutiendo con las personas, si no estamos de acuerdo con alguien, preocupémonos por dar soluciones en lugar de persistir en la discordia.

Para mí, para ti y para todos.



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