Sintonizados

El enlace entre vulnerabilidad y empatía.

Foto de Etienne Boulanger en Unsplash


El reloj marca las seis de la tarde del viernes. El semáforo está en verde y me percato de que al contador aún le hacen falta poco más de treinta segundos para cambiar a rojo, y así poder cruzar la cebra para finalmente recorrer el último trayecto de vuelta a casa. Tengo alrededor de treinta segundos libres, ¡una pausa!, ¡vaya que están sucediendo muchas cosas en este preciso momento! Observo cuidadosamente lo que me rodea, los carros pasan a gran velocidad por la vía principal, pequeños cuadraditos se encienden en los edificios, las personas caminan cada una con un rumbo diferente y los negocios se preparan para cerrar la jornada. El mundo a mi alrededor se movía a gran velocidad, sin embargo, no fue hasta la hora número dieciocho de ese día que me permití una pausa, unos instantes para apreciar detenidamente lo que estaba sucediendo mientras vivía mi vida. Y es así, vivimos en nuestro mundo, metidos en nuestra propia película, y no precisamente significa que seamos egoístas todo el tiempo y solo pensemos en nosotros, solo que el mismo ajetreo del estudio o el trabajo nos arropa y terminamos sumergidos en ese no parar.


Aun así, en medio de nuestras ocupaciones muchas veces interactuamos con otros seres humanos ¿no es verdad?, hablamos con nuestros compañeros de clase o de oficina, algún amigo, nuestra pareja (en caso de que tengamos), nuestra familia, entre otras personas. Es decir, en nuestro día a día tenemos espacios donde nos comunicamos verbalmente cara a cara. Y, si bien es cierto expresamos lo que sentimos y nos preocupamos por nuestro propio mensaje, ¿será que en la mayoría de las ocasiones escuchamos fielmente y, por lo tanto, llegamos a comprender lo que los demás tienen por decir?


Escuchar: una habilidad en peligro de extinción

Escuchar es algo en lo que estoy trabajando. Aunque puede sonar sencillo e incluso aseguremos que sabemos escuchar, en la práctica suele ser una tarea en la que debemos esforzarnos para así alcanzar la sintonía con la otra persona. La habilidad de escuchar se refiere a prestar total atención y al mismo tiempo lograr entender un mensaje que es captado a través del sentido auditivo. Esta competencia se hace imprescindible para poder crear vínculos fuertes y saludables con las demás personas, ya que para que las relaciones puedan crecer es importante conocer y saber empatizar con nuestros prójimos.

Hace poco leí un libro que me gustó mucho que se llama “Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos”. Como quizás te podrás imaginar, uno de los hábitos de los que habla el libro es precisamente saber escuchar. Sean Covey, el autor, nos comparte que usualmente al momento de escuchar podemos hacerlo de manera errónea, incluso en ocasiones estos errores son totalmente inconscientes. Sean Covey (2006, pp.163-179) menciona los siguientes estilos para escuchar como incorrectos:

  1. Distraerse: Cuerpo presente, mente ausente.

  2. Fingir que se escucha: Asentimos como si estuviéramos prestando atención pero en realidad no estamos poniendo cuidado.

  3. Escuchar selectivamente: Ponemos atención solo en algunas partes de la conversación.

  4. Escuchar sólo a palabras: No tomamos en cuenta el contexto, respondemos sin tener en cuenta el tono y los sentimientos del otro.

  5. Escuchar de forma egocéntrica: Creemos saber cómo se siente la otra persona, dirigimos la conversación a hablar solo de nosotros, aconsejamos por salir del paso.

Yo muchas veces he caído en estos malos estilos de escucha y, por ejemplo, me he distraído o he sido un poco egoísta cuando alguien me está platicando sobre algo. Así mismo, cuando percibo que alguien no me está escuchando me siento ignorado o no valorado. Por lo tanto, al contrastar estas dos caras de la moneda, he podido reflexionar y entender que es muy importante que nos esforcemos por escuchar a los demás, y así contribuyamos a cultivar esta preciada habilidad en la sociedad. Dicho esto, ¿cuál es entonces el estilo correcto para escuchar?


En la frecuencia correcta


Foto de Aarón Blanco Tejedor en Unsplash


Antes de revelarte el estilo correcto, cabe aclarar que con lo que te contaré a continuación no pretendo que te conviertas en un experto escuchando de la noche a la mañana. Es por eso que si deseas conocer más a profundidad técnicas para escuchar efectivamente y desarrollar mejor tus habilidades para la interacción social, te recomiendo que leas libros o artículos en internet un poco más extensos que te ayudarán a adquirir el conocimiento de forma más detallada. Dicho esto, me permito relatarte, según mi experiencia y conocimiento, algunos de aquellos ingredientes y técnicas para escuchar que he aprendido en libros de psicólogos expertos y autores de auto ayuda. Estas técnicas me han dado resultados reales, me han permitido vivir lindas experiencias y me han ayudado a crecer.


Para tener una conversación fructífera hay que conectar con la otra persona. Así como tienes que encontrar la frecuencia correcta para sintonizar una emisora en particular, tal cual tenemos que esforzarnos para conectar con la otra persona a través de la escucha y así poder comprenderla. Es por esta razón que para escuchar correctamente necesitamos de los siguientes ingredientes:

  • Prestar atención

No se si alguna vez te ha pasado que estás en clase viendo el tablero o las diapositivas de tu profesor, pero tu mente está cantando una canción o recordando un TikTok o pensando en cualquier cosa random. Tal cual eso puede suceder cuando estamos charlando con alguien, puede que a pesar de que estemos frente a frente, en realidad nuestra mente esté en otro lugar. Precisamente esto es lo que debemos evitar. Yo tiendo a distraerme, sin embargo, el truco que utilizo para prestarle atención a una persona es pensar que la otra persona necesita de mi atención, que de verdad requiere que la escuche porque es algo urgente. Además, hago el esfuerzo de ignorar lo que sucede a mi alrededor y dirijo mis oídos a escuchar las palabras de la otra persona.

Personalmente siento que es algo que requiere de mucha actitud, somos nosotros los responsables de tratar con respeto a la persona y disponernos a tener una interacción positiva.

  • Empatizar

La empatía es algo que se cultiva. Para cultivar empatía primero debemos sembrar amor en nuestro ser. Tener en mente que así como yo tengo sentimientos, los demás también sienten. De igual forma, estar conscientes que la vida es diferente para todos, que cada uno va a su propio ritmo, que las cosas nos golpean de forma distinta, que nadie es perfecto, que todos necesitamos y estamos buscando constantemente amor. Al momento de escuchar, prestamos atención y buscamos comprender por qué la otra persona se siente así, esto lo hacemos interpretando el sentimiento que transmite a través de su tono de voz, sus gestos faciales y lenguaje corporal. En pocas palabras, empatizar es interesarnos por la otra persona, atender a su vulnerabilidad y mostrarnos como un lugar seguro.

  • Reflejar

Por último, es de vital importancia que le expresemos explícitamente nuestra empatía a la otra persona. Esto lo hacemos a través de la técnica del reflejo la cual nos permite hacerle saber a la otra persona que estamos prestando atención a lo que dice, así como también comprendemos sus sentimientos y buscamos sintonizar con ella.

La técnica del reflejo, como lo relata Sean Covey (2006, pp.163-179) en su libro, consiste en repetir con tus propias palabras lo que la otra persona ha dicho. ¡Ojo! Reflejar no es imitar. Adicionalmente, esto se hace sin aconsejar y sin juzgar. Aquí nuestra misión no es decirle a la otra persona lo que debería hacer o enjuiciar sus palabras. Te planteo el siguiente ejemplo:


-¡No entiendo! Es que no funciono para esto.

-Pero haz otro ejercicio e inténtalo de nuevo.


Esto es precisamente una de las cosas que no debemos hacer si queremos escuchar correctamente y empatizar con la otra persona. Aquí estaríamos aconsejando y tratando de darle una solución al problema sin todavía darnos el tiempo suficiente para entender los sentimientos de la otra persona y conocerla un poco más a fondo. Incluso esta respuesta podría generar más estrés, incluso si nuestra intención inicial fue buena. Veámoslo de nuevo, ahora con la técnica del reflejo.


-¡No entiendo! Es que no funciono para esto.

-Puedo notar que te sientes un poco triste y estresada, Jenn.

-Sí, es que por más que lo intente siempre lo hago mal y no quiero obtener una mala calificación en el examen final.

-Claro, tener buenas notas es algo importante para ti y siempre te esfuerzas por tener un buen desempeño.

-Sí, es que de verdad quiero lograr mi meta de estudiar en el extranjero y estar orgulloso de mi.

-Ya veo. Viajar a Europa es tu sueño y verdaderamente quieres ser un gran profesional. Como estudiantes podemos experimentar estos momentos, pero no significa que seamos tontos.


¿Ya lo ves? Al reflejar podemos llevar una conversación muy superficial o con un tono negativo a una donde la otra persona se siente comprendida e incluso un poco mejor, ya que siente que tiene un apoyo. Ahora, no estoy diciendo que aconsejar no esté bien, pero esto debería hacerse después que nos hemos tomado el tiempo de empatizar con la otra persona; además, te sugiero fuertemente que el consejo que des sea de forma apropiada a través de una opinión edificante.


Foto de Priscilla Du Preez en Unsplash


Últimamente me he puesto la meta de tener al menos una interacción social muy satisfactoria en el día, es decir, disponerme a tener una conversación con cualquier persona y que el tiempo que compartamos charlando sea gratificante para ambos. Esto es, en primer lugar yo poner todo mi esfuerzo por escuchar y empatizar, así como ser consciente del poder de mis palabras y utilizarlas para llevar amor a la vida de los demás. Esta habilidad de escuchar es un experimento de todos los días, hay que intentarlo una y otra vez y buscar la mejora continua.


Para terminar, para escuchar hace falta más que solo tener dos oídos debido a que es esencial que adoptemos una actitud orientada a la atención, la empatía y el interés genuino por el prójimo. En ocasiones, aunque estemos dispuestos a escuchar tal vez la otra persona no esté dispuesta a atendernos de igual forma, en esos momentos es mejor ser amables y dejar la conversación para una próxima oportunidad. Dialogar es algo mutuo, no de una sola parte; sin embargo, al menos nosotros debemos procurar estar abiertos a escuchar y dialogar ojalá siempre. Hoy te invito a que seamos el lugar seguro de alguien, ese amigo que no juzga y brinda su tiempo para atender, comprender y consolar. ¿Qué mejor forma de celebrar el amor y la amistad que entregando amor y amistad?


Referencias

Covey, S. (2006). Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos. (1a ed., pp. 163-179). Penguin Random House Grupo Editorial.



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