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Procesos

¿Cómo no voy a amar mi vida?

Si mi vida está en La Bondad de Dios

Foto de Ales Maze en Unsplash


Ahí estaba yo. Con el rostro cubierto de lágrimas y sintiéndome más amado que nunca. Una sorpresa que se transformó en la materialización de un sueño profundo. En el templo de mi iglesia, me sentí en el cielo. A unos pasos del altar, las danzarinas alabando magistralmente, las alabanzas sonando fuerte y conmoviéndome como jamás lo habían hecho. Rodeado por personas fabulosas, con mi padre junto a mi madre en el fondo mandándome besos y varias de mis amistades acompañándome. ¡Wow! Estaba soñando despierto, quería decirlo todo pero las palabras no serían suficientes. Y de repente, concebí en mis pensamientos la frase que me decía una y otra vez: “Todo ha sido un proceso”.


Desde ese momento, nada volvió a ser igual. Finalmente, había sentido en mí un cambio real. La verdadera Paz, aquella que solo he sentido con Dios, invadió todo mi ser. Y no fue porque estuviera en la iglesia mientras tocaban las alabanzas que me gustan, era porque me había encontrado con Dios cara a cara, su espíritu estaba manifestandose en mi cuerpo impresionantemente fuerte. La fuente inagotable de Amor y Paz me había llenado de calma. Tanto así que se me había olvidado cómo se sentía estar estresado o ansioso. Me costaba aceptarlo que incluso intenté retar a Dios. Al encontrarme tan limpio y tranquilo, probé pensar en cosas negativas para comprobar si lograba quitarme esa Paz. ¡Y no fue posible! Fue imposible para mí querer cambiar algo que Dios ya había decretado. ¿Qué clase de estupidez estaba intentando? Por un instante fui tan necio y desafié a Dios, y por supuesto que perdí. Qué tonto. Arrepentido, el Señor tuvo misericordia de mí, nuevamente. Me consoló y habló a mi corazón diciéndome: “Ya no tienes que resistirte más a mí, Samuel. Yo anhelo todo lo mejor para ti, quiero mostrarte lo tanto que te amo y por eso tu vida ahora ha sido renovada. Porque me has buscado, me has hallado. Aquí he estado, estoy, y estaré para ti por siempre, Hijo mío”.


Puedo decir con total certeza que soy testigo de la fidelidad de Dios, que Él es real. Que la vida mejora tremendamente cuando lo aceptamos, lo obedecemos y permitimos que obre en nuestra vida. Que Dios nos lleva en un proceso de aprendizajes y de victorias. Porque una de las cosas de la cual estoy seguro es que el Señor transforma las vidas y les da un propósito claro, pone a sus Hijos en lugares de honor y siempre trabaja para el bien de ellos.


La presentación: el inicio del proceso

Todos los procesos tienen un principio y el tratamiento que Dios ha tenido conmigo no es la excepción. Mucho antes de ganar conciencia, mis padres ya habían consagrado mi vida a Él. Crecer en una familia cristiana ha significado estar en contacto con la religión todo el tiempo (hago la distinción que conocer una religión no es igual que conocer a Dios, ni interactuar con la primera implica lo segundo). Cuando me refiero a tratar con el cristianismo es, por ejemplo, leer versículos de la biblia, escuchar alabanzas, saber una que otra historia bíblica, orar ocasionalmente no precisamente comprendiendo la magnitud de esa acción. Y por muchos años así fue mi vida, incluso en algunos momentos dudaba de la existencia de Dios. Porque sencillamente nunca lo he visto con mis ojos, ni mis manos lo han tocado. Sin embargo, a pesar de toda mi ignorancia, quizás confusión por algunos momentos, todo esto sabiendo que mis padres siempre me habían hablado de Dios, yo a final de cuentas aceptaba que pues Él sí era real. La cosa es que yo decía para mis adentros: “es que seguro todavía soy muy pequeño y por eso no siento tanto a Dios, pero mis papás sí se ven más comprometidos porque ellos ya son grandes”, u otras veces pensaba “a lo mejor así se siente estar con Dios y esto es todo lo que hay, así que estoy bien tal cual me encuentro”. Pero ni lo uno ni lo otro. Por un lado, Dios no tiene requisitos de edad para cultivar relaciones profundas con los seres humanos, y por otro lado, Dios es tan complejo y tiene preparadas bendiciones tan grandes que ni podemos imaginar, así también tiene el poder de hacernos sentir cosas jamás experimentadas y mucho más.


Fue precisamente eso lo que comenzó a acontecer cuando decidí empezar a conocer a Dios. Ya que a pesar de que Él siempre había estado ahí, a unos centímetros de mí, yo nunca había tomado la iniciativa de dar el paso de construir una relación estrecha con Él. Es esto lo que sucede con muchos de nosotros, incluso ya con aquellos que han aceptado a Jesucristo en su corazón (el cual era mi caso). Es común que sepamos que existe el cristianismo, y puede que nos agrade o desagrade aspectos sobre esta religión, pero eso es diferente a conocer a Dios y, adicionalmente, tener una relación verdadera con Él. Por supuesto, esto solo es posible a través de Jesucristo, quien es el único camino para llegar al Padre (Juan 14:6). A lo que voy con esto es que el primer paso para tener una vida maravillosa, una vida en paz, con abundancia de Amor y seguridad es aceptar a Jesús en el alma y comenzar a obedecer a Dios. Saber que está ahí es fundamental porque ahora eres consciente de que es real. Y puede que eso no sea fácil de reconocer al principio, pero solo hace falta que des ese primer paso y con él la oportunidad de comenzar a experimentar Su grandiosa bondad.


La amistad: el desarrollo interminable

El Dr. Jordan B. Peterson utiliza una explicación que me gusta mucho para demostrar que compararse con otras personas es inútil y tiene poco sentido. Él comenta que la vida es un conjunto de múltiples “juegos” que ocurren simultáneamente, todos con una historia única y personas en ellos. Estos “juegos” están a nuestro alrededor todo el tiempo, por ejemplo, uno puede ser la relación con tu mamá, otro tu carrera profesional, tu relación de pareja, tu salud mental, o relación con Dios. Así hay miles. Por supuesto, quiero aclarar que cuando Peterson se refiere a estas interacciones multidimensionales como “juegos” no son como tal aquellos. Más bien el utiliza esa metáfora queriendo argumentar que durante nuestras interacciones cotidianas desarrollamos actividades que afectan de forma singular a nosotros mismos y otros seres humanos, por lo que es inevitable iniciar y/o desenvolver historias (juegos) constantemente. Como en cualquier juego, se gana o se pierde, o mejor dicho, se puede ir ganando o perdiendo. Utilizo un tiempo verbal en gerundio porque todavía estás con vida, por lo tanto, sigues teniendo la oportunidad de hacer cambios a tu realidad. Continuando con la idea de los juegos, cada uno de nosotros podría comenzar a analizar cada uno de esos cientos o miles de estos y con honestidad evaluar cómo se encuentra.


Tal cual te conté, antes de tener un encuentro íntimo con Dios, yo muchas veces pensaba que aquello que conocía era lo mejor que podía ser. Es decir, por ejemplo, creía que mis amistades eran de la calidad máxima, que no importaba si herían mis sentimientos, si no se preocupaban por conocerme a profundidad, si a veces sencillamente no les importaba escucharme o me mostraban poco interés, así estaba bien. Quiero decir, es lo que conocía, ¿no? Y así parecía ser con los demás también, les pasaba lo mismo. Por este motivo, yo simplemente asumía que todo era correcto como era, decía: "sencillamente esto es imperfecto pero al parecer es lo mejor que puedo conseguir ahora, o merezco, o hay en el mundo". Una zona de confort tóxica. De la misma forma como muchas personas actualmente viven, quizás creen que tal cual como conocen su vida es lo máximo que merecen o lo mejor que pueden estar, pero no es así. Porque como me pasó a mí, después me di cuenta de que con Dios presente las cosas pueden ser muchísimo mejor de lo que en su momento era mi presente.


Las buenas historias están a una acción de distancia y se ponen espectacularmente más buenas cuando Dios auténticamente hace parte de ellas. Esto lo digo desde mi experiencia y de testimonios que he escuchado de gente cercana y otras no tanto, pero que a pesar de la lejanía encuentro que sus procesos guardan similitud con los míos. Una muestra más del actuar y la transformación que logra el Señor con nosotros. Y cuando nos permitimos ser guiados, entonces Él nos envía a los lugares y a las personas correctas, y ejecuta un plan para que comencemos a apreciar una mejora total en cada uno de esos “juegos” inimitables, para así abrir nuestros ojos y experimentar aquello que permanecía inaccesible. Mi amiga Salomé ha sido uno de aquellos seres humanos que ha llegado para mostrarme lo que es una verdadera amistad, ya que con su trato ha destruido paradigmas tóxicos y me ha enseñado que quien está para ti realmente busca demostrártelo regularmente. A través de su amistad, que ha sido cultivada considerando las enseñanzas cristianas, he podido ver reflejado aquel Amor que se describe en 1 Corintios 13:4-7:


"4 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. 5 No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 6 El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. 7 Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta."


Ser amigo de Dios es mi meta más grande. Definitivamente entre más me preocupo por conocerlo, más luz entra a mi vida. Mis sueños se hacen realidad, mis inseguridades son sanadas, mi corazón está protegido por centinelas celestiales, y vivo en paz. Una paz que, como dije, todavía estoy aprendiendo a comprender y disfrutar. Como Dios es tan complejo e imposible de terminar de conocer completamente durante mi estancia en la tierra, mi amistad con Él tiene muchísima tela por cortar. Apenas estoy dando mis primeros pasos y debo decir que se ha sentido increíble. La mejor sensación de mi vida. Quiero seguir cerca de Él y agradarlo, por esta razón, anhelo que también lo conozcas. Porque Él ha dado la Regla de Oro: ama a tu prójimo como a ti mismo. Por eso hoy te hablo a ti, querido lector que aprecio tanto, para expresarte mi anhelo porque des ese primer paso que es el más difícil pero que complace inmensamente al Señor. Entrega tu vida a Él y permite que vivas el proceso que tiene para ti, como lo está haciendo conmigo. Un proceso bueno, agradable y perfecto. Un proceso lleno de La Bondad de Dios.


Nota adicional

Deseos eternos

Desde que conocí mi identidad en Dios amo todo lo que soy. Mi complejidad no puede ser entendida ni descrita por los demás, ni por mi familia o mis amigos más cercanos, ni siquiera por mí mismo. Solo puedo ver quién soy en el Señor. Nada deseo que esté por fuera de Tu voluntad y confío plenamente que todo lo que me sucede obra para mi bien porque te amo a Ti (Romanos 8:28). Al sumergirme en tu realidad, mi corazón conecta contigo y me revelas mi propósito. Para así comprender la magnitud de mi unicidad y el potencial de los dones que has puesto en mí, para cumplir con la misión de proclamar las buenas nuevas gracias al precioso regalo de Jesucristo, porque la necesidad es grande y los obreros escasos (Lucas 10:2). Mi deseo eterno es conocerte y servirte. No hay nada que me apasione más. Señor, quédate conmigo siempre y úsame para declarar a Jesús, el Nombre sobre todo nombre.





Muchas gracias por leer este post. ¿Este mensaje fue de utilidad para ti?

Porque si lo fue, en mi escrito "Regla de Oro" te comparto información para que sigas conociendo sobre lo que Dios anhela para tu vida. Haz clic aquí para leerlo.


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4 commentaires


Mar Toro
Mar Toro
29 juin 2023

Eres maravilloso cariño 🤍.

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❤️‍🩹

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¡Qué hermoso escrito! Muy inspirador.

Dios es Bueno y solo sus bendiciones traen inmensa paz. Él es quien nos da las armas para triunfar en cada batalla y al final, es quien nos entrega la victoria. Disfruta tus logros, querido sobrino 😘

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Muchas graciasss Así es, tía. Dios es Bueno siempre.❤️

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